Audio "Melville Davisson. Introducción a La Mano Equivocada"
En esta ocasión vamos a cruzar el Atlántico para viajar a los Estados Unidos de comienzos del siglo XIX.
Aunque el país ya se había independizado de Gran Bretaña, seguía siendo una nación muy joven. Virginia había sido una de las primeras colonias inglesas de Norteamérica y desempeñó un papel fundamental en el nacimiento de los Estados Unidos. Sin embargo, nuestra historia no transcurre en las ciudades de la costa atlántica, sino en el extremo occidental de aquel inmenso estado, entre los montes Apalaches.
A comienzos del siglo XIX, Virginia era mucho más extensa que en la actualidad. La región occidental, montañosa y escasamente poblada, todavía formaba parte del estado de Virginia. Solo durante la Guerra de Secesión, en 1863, ese territorio se separó para constituir el actual estado de Virginia Occidental.
Era un paisaje de bosques interminables, ríos, valles y explotaciones agrícolas dispersas. Las familias vivían separadas por grandes distancias y los desplazamientos se realizaban casi siempre a caballo por arduos y difíciles caminos. Los desplazamientos entre una finca y otra podían llevar horas, e incluso días, dependiendo no solo de la distancia sino también de la época del año. La presencia de las autoridades era escasa y cuando se producía una muerte sospechosa o surgía un conflicto importante, era habitual que varios hombres respetados de la comunidad acudieran a examinar los hechos antes de que el cuerpo fuera enterrado. Su prestigio personal inspiraba confianza y su testimonio tenía un enorme peso dentro de la comunidad. Así comienza precisamente “La mano equivocada”.
Ese es el mundo que Melville Davisson Post quiso recuperar cuando escribió “Los relatos del tío Abner” entre 1911 y 1928. En lugar de ambientarlos en la América moderna de su tiempo, reconstruyó deliberadamente un mundo anterior, el de la Virginia rural de las primeras décadas del siglo XIX, una sociedad que ya estaba desapareciendo cuando él escribía. Es una América casi legendaria, donde la autoridad no nacía del cargo que una persona ocupaba, sino del prestigio que había ganado con su conducta.
Por esa razón, el protagonista de estas historias es el tío Abner. No es un investigador profesional, sino un granjero cuya inteligencia, experiencia y rectitud hacen que quienes lo rodean confíen en su juicio cuando se enfrentan a situaciones extraordinarias. En “La mano equivocada”, Abner no acude para dirigir una investigación oficial. Es llamado, junto con otros hombres de la comunidad, para examinar una muerte antes de que el cuerpo sea movido.
La religión ocupa también un lugar esencial en ese mundo. La Biblia era mucho más que un libro de devoción. Constituía una referencia constante para comprender la justicia, la responsabilidad y el comportamiento humano. Esa visión está profundamente integrada en la personalidad del tío Abner y en su forma de interpretar cuanto sucede a su alrededor. Sus referencias bíblicas no son simples citas eruditas, sino que forman parte de su manera de razonar.
Todos los relatos del tío Abner están narrados por Martin, su sobrino. Sin embargo, quien habla no es el niño que acompaña a su tío, sino el adulto que recuerda aquellos acontecimientos muchos años después. Esa doble perspectiva da a las historias un tono muy característico. El lector contempla los hechos con los ojos del muchacho que los vivió, pero también con la comprensión del hombre que, con el paso del tiempo, ha llegado a entender su verdadero significado.
El creador de este universo fue Melville Davisson Post, nacido en 1869 precisamente en esa región montañosa que hoy conocemos como Virginia Occidental. Ejerció la abogacía durante varios años antes de dedicarse plenamente a la literatura. Ese conocimiento del derecho se refleja continuamente en sus relatos. Testamentos, escrituras, derechos de propiedad y cuestiones sucesorias aparecen con frecuencia integrados en el desarrollo del misterio y desempeñan un papel fundamental en muchas de sus tramas.
Aunque hoy su nombre resulte mucho menos conocido que el de otros autores del género, Melville Davisson fue muy admirado por escritores y críticos especializados. Ellery Queen calificó las historias del tío Abner como un modelo para los futuros autores de novela policíaca, y Howard Haycraft las consideró una de las mayores aportaciones estadounidenses al género detectivesco.
Existe, además, otro aspecto que hace singular esta serie. Numerosos estudiosos han señalado que los relatos del tío Abner constituyen una de las grandes obras del llamado misterio religioso. En ellos, la investigación criminal y la reflexión sobre la justicia aparecen estrechamente unidas, hasta el punto de que muchos críticos solo encuentran un verdadero paralelo en los relatos del padre Brown de G. K. Chesterton, aunque ambas obras pertenezcan a tradiciones literarias muy diferentes.
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